Campaña en Contra de la Difusión de Imágenes Intimas Sin Consentimiento
En la era digital, la violencia no siempre deja marcas visibles. Una de las agresiones más crueles y silenciosas es la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento.
Muchas veces viene de exparejas, amigos o incluso desconocidos. Y destruye reputaciones, carreras y vidas.
Cada reenvío, cada burla y cada juicio prolonga el daño. Cuando compartes una imagen íntima sin permiso, borras una parte de cómo el mundo ve a esa persona. Una mujer puede ser profesional, madre, estudiante, líder o amiga. Pero cuando su intimidad se expone, la sociedad deja de verla igual. De pronto, todo lo que era se reduce a una sola imagen viral.
“Last Seen” es una campaña creada para IPANDETEC.
Su meta es visibilizar una de las formas más comunes y devastadoras de violencia digital: la filtración de contenido íntimo y el juicio social que destruye la identidad de las víctimas.

La campaña usa el lenguaje visual de las plataformas de mensajería para mostrar un momento simbólico: la última vez que la sociedad vio a estas mujeres como realmente eran.
Un problema real
La víctima sufre doble violencia.
Primero, la filtración.
Luego, la reacción social: el juicio, la burla, el morbo.
La atención se desplaza. La sociedad mira la foto, no a la persona. Todo lo que ha construido queda manchado. Su identidad se reduce a un solo instante. Y la justicia tampoco acompaña. En Panamá, menos del 10% de los casos logra una condena. La ley va más lenta que la tecnología. La víctima queda expuesta… mientras el agresor casi siempre sigue libre.
Por eso nace esta campaña: porque el juicio social es más rápido y más cruel que la justicia legal.

Un objetivo claro
“Last Seen” busca evidenciar esa violencia invisible que todos, de una u otra forma, podemos estar perpetuando.
No es solo “no reenvíes”. Es entender la otra capa del problema: el rechazo, la burla y el morbo que castigan más a la víctima que al agresor.
La campaña confronta al espectador con una verdad incómoda: Las personas no cambian después de un delito digital; cambia cómo la sociedad decide verlas. Esa degradación, esa vergüenza impuesta, también es violencia. Y nos convierte en cómplices.
Historias reales que inspiran la campaña
Estas imágenes nacen de situaciones reales. Historias de mujeres que, tras una filtración íntima, enfrentaron consecuencias aún más duras:
- Pérdida de empleo
- Cuestionamientos a su reputación profesional
- Problemas para ser respetadas en su entorno
- Estigmatización social
- Aislamiento, culpa y vergüenza que no les corresponden
Ellas no cambiaron.
La sociedad sí.
Y dejó de verlas como madres, estudiantes, médicas o líderes… para recordarlas solo el contenido que alguien filtró sin su consentimiento.
La filtración es un crimen. Pero el juicio social también duele. Y, cuando lo perpetuamos, nos volvemos parte del problema.


