Búhos: guardianes nocturnos que Panamá necesita proteger
Por: Yazmín Jiménez
Durante generaciones, el sonido de los búhos ha sido asociado con leyendas y supersticiones que permanecen vivas en la memoria colectiva de muchas sociedades. Pero detrás de ese sonido hay un depredador nocturno que cumple una función esencial en nuestros ecosistemas.
Los búhos forman parte de la fauna silvestre de Panamá. ¿Por qué son importantes? ¿Qué amenazas enfrentan? Y, sobre todo, ¿qué podría ocurrir con nuestros ecosistemas si desaparecen?
Para Anthony Vega, biólogo del Ministerio de Ambiente (MiAmbiente), estos guardianes nocturnos también están siendo afectados las transformaciones del clima.
El clima altera su hábitat
“Cuando hablamos de sequía, se traduce eventualmente en la desecación de las fuentes hídricas”, indicó Vega. Explicó que estos espacios ofrecen condiciones de alimentación y descanso para distintas aves, entre ellas los búhos, lo que su deterioro afecta la vida silvestre.
Las alteraciones de temperatura y de las condiciones ambientales pueden afectar los ciclos naturales de las especies, la disponibilidad de alimento y los procesos de reproducción.
En Panamá se registran 16 especies de búhos y una especie de lechuza, de acuerdo con la lista de aves de la Sociedad Audubon de Panamá. Cada una ocupa un espacio dentro del ecosistema. Como depredadores, los búhos ayudan a mantener bajo control las poblaciones de otras especies.

¿Qué ocurre cuando ese depredador desaparece?
“Ellos se alimentan, ejemplo, de serpientes. Entonces, si no hay búhos, va a aumentar la población de esas serpientes”, puntualizó el biólogo al ilustrar las consecuencias que puede tener la pérdida de un depredador.
La naturaleza funciona como una red. Cuando una especie se reduce o desaparece, otras pueden verse afectadas. Por eso, proteger a los búhos significa también conservar una pieza del equilibrio del bosque.
Jason, el pequeño búho que inició una misión

En Panamá hay personas que llevan décadas dedicadas a esta labor. Una de ellas es la profesora Iliana Cotes, conocida como Teacher Iliana, quien hace 24 años creó el Refugio de Jason, una iniciativa dedicada especialmente a la rehabilitación de aves rapaces.
“Hace 24 años llegó a mis manos un búhito autillo, así mismo como este. Yo toda la vida he sido amante de los animales, de la naturaleza, y nunca había tenido la oportunidad de ver un búhito tan de cerca”, recordó.

Aunque ya había rehabilitado otras aves, nunca había atendido un ave rapaz, cuyo cuidado requiere un manejo especializado. Sus estudiantes bautizaron al pequeño búho como Jason.
En aquel tiempo, sin redes sociales para difundir su trabajo, las recomendaciones de otras personas hicieron que comenzaran a llegar más animales.
“Teniendo a Jason, comenzaron a llegar otros búhos, lechuzas, halcones, gavilanes, y ahí entonces mi trabajo se fue extendiendo. De un kennel pequeño pasamos a tener siete recintos grandes para poder rehabilitar aves rapaces, especialmente”, relató.
Jason terminó convirtiéndose en un embajador educativo. Durante años, acompañó las clases de Ciencias Naturales de la profesora Liliana y acercó a sus estudiantes al conocimiento de la fauna silvestre.

Una experiencia que despertó una vocación científica
Aquellos encuentros dejaron huellas. Andrés Carbonell Adames, quien hoy cuenta con un doctorado en Ciencias Biomédicas, recuerda que conocer a Jason despertó desde muy temprano su interés la ciencia.
“Para nosotros era como un mundo diferente ver el búho y que interactuara con nosotros. Recuerdo que aprendíamos cosas de los animales y de los búhos, que eran nocturnos y de lo que se alimentaban”, expresó.
Para Carbonell, conocer estas especies durante la infancia ayudó a comprender qué es necesario proteger el ambiente. Esa experiencia también acompañó el inicio de su formación científica.
“Siempre me interesó mucho la ciencia y terminé estudiando Biotecnología, después Biología Molecular y hasta hice un doctorado en Biología del Cáncer e Ingeniería Genética”, señaló.
Considera que las clases con Teacher Liliana, cuando tenía entre 11 y 12 años, tuvieron una influencia importante en ese camino.
Su historia demuestra que la conservación también puede comenzar con una experiencia sencilla: conocer una especie. La educación ambiental permite construir, desde edades tempranas, una relación más consciente con la naturaleza.

Un encuentro con el búho anteojos
El bosque también ofrece esa enseñanza. En el Parque Nacional Camino de Cruces existe un sendero dedicado al búho anteojos, donde, durante los meses de marzo a mayo, coincidiendo con su temporada de reproducción, es posible observar ejemplares anidando o con sus crías.
El recorrido dura aproximadamente 20 minutos y permite conocer otras especies de la fauna del parque.


El guardaparques Edison Quintero explicó que los hábitos nocturnos del búho permiten observarlo durante el día mientras permanece en reposo. Sin embargo, hacerlo exige respeto su espacio.
“En silencio, pocas personas”, recomendó.
Para quienes desean fotografiarlo, aconsejó utilizar ropa de colores similares a los del entorno y evitar perturbar al animal.
“Es un atractivo muy bonito que tenemos en este parque y tenemos la dicha de tenerlo tan cerca”, destacó Quintero. Preservar ese encuentro depende también del comportamiento de los visitantes.

No todos los pichones necesitan rescate
Observar fauna silvestre implica saber cuándo intervenir y cuándo permitir que la naturaleza siga su curso.
Durante la temporada de reproducción, algunos pichones pueden aparecer fuera del nido. La primera reacción de muchas personas es intentar rescatarlos, aunque no siempre necesitan nuestra intervención.
La doctora Leysa Torres, coordinadora de la Clínica Veterinaria de MiAmbiente, ubicada junto al Parque Nacional Camino de Cruces, advirtió que retirar a estas aves de su entorno puede interrumpir aprendizajes esenciales para su supervivencia.
“Hay una alta probabilidad de que nosotros, a pesar de los cuidados y todo lo demás, no podamos ofrecerles las enseñanzas que sus padres les van a dar en cuanto a cómo cazar”, explicó.

Esto puede disminuir sus posibilidades de regresar al medio natural.
Dejarlos en su entorno, cuando los especialistas determinan que no están en peligro, también contribuye a su conservación. Muchas veces, el ave no está abandonada, está aprendiendo.
Los búhos no son mascotas
Otra amenaza es mantener estas aves en cautiverio fuera de su hábitat. En algunos casos, incluso les cortan las plumas de las alas para impedir que vuelen, una práctica que compromete su rehabilitación y posterior liberación.
“Es un error total cortarle las alas”, advirtió Torres. Explicó que un ave en esas condiciones no puede ser devuelta de inmediato a su entorno y que recuperar el plumaje requiere tiempo.

Los búhos son animales silvestres. Su tenencia sin autorización está sujeta a sanciones conforme a la legislación panameña. Protegerlos implica respetar su hábitat y comprender que no deben ser tratados como mascotas.
Pero existe otro desafío menos visible: ¿quién sostiene a quienes dedican su vida a protegerlos?
El costo de mantener un refugio
En el Refugio de Jason, las visitas, la venta de recuerdos y las donaciones voluntarias contribuyen a cubrir los gastos de atención de las aves.
“También me ayuda una tiendita que tengo donde tenemos recuerditos de búhos, como souvenirs. Entonces, la gente los compra. A veces la gente decide donarme de su propia voluntad y eso es lindo, porque eso me ayuda a seguir con la labor”, contó Iliana.



Sin embargo, según la profesora, aproximadamente el 90 % de los recursos utilizados para mantener el refugio durante estos 24 años ha salido de sus propios ingresos.
Su experiencia abre una discusión sobre el respaldo que requieren las iniciativas de conservación que nacen y se mantienen desde la sociedad civil. Un desafío que adquiere mayor relevancia frente a los cambios del clima y sus efectos sobre la biodiversidad.
Proteger la fauna también es prepararse
Ante la posibilidad de condiciones asociadas al fenómeno de El Niño durante los primeros meses de 2027, la preparación no debería limitarse a las actividades humanas. También implica pensar cómo proteger los ecosistemas y las especies que dependen de ellos.
Fortalecer la educación ambiental, apoyar las iniciativas de rehabilitación y generar mecanismos que permitan sostener estos esfuerzos puede ser determinante para afrontar las alteraciones del clima.
La conservación no comienza únicamente en las grandes instituciones. A veces inicia con una profesora, un refugio, un guardaparques o un científico que, cuando tenía apenas 12 años, descubrió que un pequeño búho podía despertar una vocación.
También comienza con cada uno de nosotros, cuando comprendemos que proteger la fauna no siempre significa tocarla, rescatarla o llevarla a casa. A veces significa, simplemente, dejarla vivir donde pertenece.
Quizás esta noche vuelva a escucharse ese sonido que durante generaciones alimentó leyendas. Será también el llamado de un guardián nocturno que ayuda a mantener el equilibrio del bosque y necesita que conservemos su hábitat.
Un recordatorio de que proteger la biodiversidad también es prepararnos para el futuro. Porque, mientras nosotros dormimos, ellos siguen trabajando.
Fotos y edición: Alex Carbonell







Reportaje radial
Búhos: guardianes nocturnos que Panamá necesita proteger
